Tres años después de albergar una final de Champions, el Wanda Metropolitano ha vivido este sábado otro hito planetario: una ‘haka’. Una selección de leyendas neozelandesas, los Classic All Blacks, la interpretó ante la ojiplática España, unos leones heridos tras la sanción que les deja sin su primer Mundial en 24 años por la alineación indebida del sudafricano Gavin Van den Berg. Era la ventana que quería el rugby español, con el mayor aforo de su historia: casi 40.000 espectadores. Así lo resume su capitán, Fernando López: “Tendría que haber sido una celebración absoluta; ahora queremos que se haga justicia, demostrarle a World Rugby que merecemos estar, que los jugadores no tenemos la culpa”. El amistoso cumplió el guion: el rugby tiene tal poso en Nueva Zelanda que una selección de cuarentones vence (26-33) a una absoluta con nivel para jugar un Mundial.

