Judith Rodríguez nunca fue una niña a la que le gustase jugar con muñecas ni de las que soñase con ser una princesa. «<strong>No me gustaban los deportes, como suelen llamarse aunque esté mal dicho, de niñas</strong>. Me iban más el fútbol, el baloncesto o el hockey», recuerda con una sonrisa. La gallega también había probado el patinaje, la natación y la gimnasia rítmica antes de coger por primera vez un florete. <strong>Fue su madre quien la animó a probar la esgrima. «Me dijo que era con espadas, como en las películas de piratas»</strong>, añade sonriendo. Tenía 8 años cuando fue al Club de Esgrima de Vigo ‘El Olivo’ «y desde ese día no falté más, me encantó», recuerda.

