El fútbol inglés estaba herido en los 90. La tragedia de Heysel, en la que 39 aficionados fallecieron en una avalancha provocada por los hooligans antes de la final de la Copa de Europa de 1985 entre Juventus y Liverpool, dejó a los clubes de Inglaterra un lustro fuera de las competiciones continentales. Un castigo que, unido al desastre de Hillsborough en el que 97 hinchas reds murieron aplastados contra las vallas del estadio de Sheffield antes de las semifinales de la FA Cup entre Pool y Nottingham Forest de 1989, obligó al football a reinventarse. Necesitaban modernizarse, salir de las tinieblas… y ahí puso luz una Premier League que cumple 30 años en plena forma.

