Habrá críticas, pero los valores de la Federación están por encima de todo», dijo <strong>Rubiales </strong>nada más fulminar a <strong>Julen Lopetegui</strong> del cargo de seleccionador, a 48 horas de debutar en el Mundial de Rusia. Hoy no sé si dan ganas de reír o llorar. El entrenador no había tenido otra ocurrencia que firmar por el Real Madrid (ya ven ustedes qué locura) para cuando acabara su trabajo en Rusia, decisión que había comunicado de frente al propio presidente de la Federación. Eran tiempos en los que Rubiales prometía un fútbol español limpio y transparente, implacable ante cualquier comportamiento que no concordara con los «valores de la Federación», que como ha quedado demostrado con el tiempo no eran los de la Federación, sino los suyos, diseñados a medida para hacer y deshacer lo que le venía en gana. Y muchas cosas peores, como se ha ido demostrando con el paso de los años

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