Un 8 de febrero de 1976, en el viejo pabellón de la Ciudad Deportiva, allí donde ahora se levantan las torres que dan forma al 'skyline' de la capital y en un recinto de parqué marrón y canastas que colgaban del techo, donde el Madrid de baloncesto construyó gran parte de su leyenda y se celebraron conciertos históricos, como el de Nirvana en 1994, allí mismo Walter Szczerbiak (Hamburgo, 1949) decidió que no estaba bien ese relato que contaban sobre él. El sambenito era el siguiente. “Decían que no me gustaba jugar los domingos por la mañana, que me daba pereza”. El alero norteamericano, uno de los grandes jugadores en la historia del baloncesto europeo llegados desde América, anotó 65 puntos al Breogán en el triunfo 140-48 del equipo blanco, dirigido por el mítico Lolo Sainz. Este domingo se cumplen 50 años de esa gesta que ha resistido intacta el paso del tiempo, hija de un baloncesto tan añejo y puro que parece irreal: no existía el triple, el tiro que vertebra todo el juego actual, y tampoco contaban las asistencias, para desgracia de todos aquellos que le alimentaron como Corbalán, Carmelo Cabrera y Vicente Ramós. Walter, cuyo hijo Wally hizo una notable carrera en la NBA, consiguió aquella hazaña canasta a canasta.
La jornada · viernes, 6 de febrero de 2026
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