El calor ganó la primera batalla antes de que alguien diera una pedalada. La etapa debía medir casi 190 kilómetros y terminó encogida hasta los 110,2, amputada por unas temperaturas capaces de convertir Andalucía en una plancha. Pero el fuego no apagó la carrera. La hizo más nerviosa, más corta, más violenta. Y cuando Córdoba apareció al fondo, Wout van Aert encontró en ese caos el territorio que mejor conoce: el de los días en los que hay que tener piernas, instinto y sangre fría.
La jornada · domingo, 6 de septiembre de 2026
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