Alejandro Valverde cambió la bicicleta por el coche, pero no la mirada. Desde ahí sigue leyendo la carrera con el mismo instinto de siempre, ahora pendiente de cada movimiento de los suyos. En Canadá, después de pisar un circuito que anuncia sufrimiento, celebra el oro y el bronce que ya guarda España mientras espera lo que todavía está por llegar. El murciano se sienta con MARCA en el hotel general de España para el Mundial.

