Tres semanas de desconexión, con su correspondiente descanso, tanto físico como mental, podían hacer pensar que el Málaga llegaría con la lección aprendida y aires renovados. Ni una cosa ni la otra. Más o menos fue lo de siempre. O iba camino de serlo hasta que Adrián Niño, en el último suspiro, conectó un remate que devolvió la sonrisa a La Rosaleda. Los de Funes rescataron un punto para coger una bocanada de aire, insuficiente, pero alentador. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *