Se fue al parón liguero tras silenciar por un momento el Santiago Bernabéu con un cañonazo que llevó las manos de Giuliano, y las de cualquiera de los testigos de un gol que ya oposita con fuerza al premio Puskas de 2026, a la cabeza. Volvió de su doble compromiso con Argentina con un nuevo servicio para derrotar a Mauritania que se une a una hoja de servicios que en clave albiceleste incluye un tanto y una asistencia en el Mundial que le coronó como campeón del mundo. Ahora, Nahuel Molina planea ante un Barcelona que también sabe de primera mano que se trata de un lateral de altos vuelos.

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