Los Alemania-Holanda olían a II Guerra Mundial. Los neerlandeses habían sufrido un millón de muertos tras la feroz ocupación nazi. Esa herida se había notado, entre otras refriegas, en la final del Mundial del 74 o en la semifinal de la Eurocopa del 88 cuando Ronald Koeman se limpió el trasero con una camiseta germana. El fuego heredado se levantó sobre San Siro en los octavos de final del Mundial de 1990, un partido marcado por un incidente, tirón de pelo incluido, que impactó en el mundo del fútbol.

