Primero fue escuchar a Simeone tenderle la mano desde lo deportivo. Después fue recibir el calor del vestuario con sus capitanes a la cabeza. Más tarde, la llegada de un Cuti Romero que acabó de brindarle la tranquilidad necesaria para recapacitar. Así que desde que asumió que la posición que había mantenido Miguel Ángel Gil durante todo el verano no era ningún farol y que el “sueño” de jugar en el Barcelona que le había metido su representante en la cabeza era imposible, Julián Alvarez no ha parado de enviar señales de su intención de volver a ser el que fue.

