“Somos unos pijos” o la cultura del vestuario ciclista como forma de distinción
Fuente: El País Original en elpais.com
Todo el mundo aprecia a Oto, el colombiano rastafari que siempre lo da todo. Sale en cabeza y si no pincha seis veces, como el pasado día, siempre llega con los primeros. Pero solo. Ataca a todo lo que se mueve, incluso a los que circulamos en bicis eléctricas. Le da igual. Le alcanzamos y tras reposar dos minutos sale disparado por una esquina. Después, con un manotazo al aire te dice que pases, le animas y él suspira un ya, ya, que nadie sabe cómo interpretar. Mueve la bici como si bailase y no le teme a nada, salvo a perderse, algo que nos ha ocurrido a todos aunque vayamos con la nariz pegada a la pantalla del GPS. Tampoco le gusta ir a rueda, puede que porque es una costumbre ventajista e incluso poco ética. Prefiero no saber lo que opina de las bicis eléctricas. Iñigo, líder junto a Joseba en la categoría por parejas que suman más de 100 años (cincuentones, para atajar) lo tiene claro: “odio las eléctricas”. Para tranquilizarle, le aseguro que con lo que cuestan, nunca habrá muchas y entonces, reconoce, que “somos unos pijos”.