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Una parte bastante considerable del Santiago Bernabéu decidió dar la bienvenida a su nueva estrella, el joven argentino Franco Mastantuono, utilizando el mismo cántico que, durante la dictadura militar del general Franco, se popularizó en nuestro país para vitorear al caudillo. Podrían haber elegido otra fórmula, otra cadencia, otra melodía, pero conscientemente optaron por imitar uno de los gritos de exaltación del fascismo clásico, también del actual: basta con pasarse por algunas fiestas populares, o por algunas discotecas de moda, para comprobar su vigencia. Quizás convendría, en el mejor de los casos, tomárselo como una gran broma, la constatación de que España ha pasado página y se puede permitir ciertas licencias humorísticas, aunque sin perder de vista esa máxima universal del piensa mal y acertarás.