Privado de libertad casi todo el partido por aquello de marcar la línea atrás, el Cuti se permitió un tercer grado visto que el partido declinaba, visto que su equipo no aprovechaba la superioridad numérica que arrastraba desde que Ángel Pérez afeó su notable tarde clavando los tacos a Julián (y que a la tecnología le dio por avisar) y visto que a sus compañeros les había dado por tirar centros ante la presencia del inefable Sorloth. También es verdad que una cosa es un centro y otra el caramelo que sirvió Baena con el exterior, el caso es que el argentino apareció por allí para regalar con la cabeza una victoria de última hora.

