El momento más triste de la vida de Raquel Carrera empezó con una genialidad. Una entrada a canasta que llevaba su sello inconfundible: recibió en una esquina, hizo dos botes, dio tres pasos hacia el aro, zafándose de su defensora, el brazo extendido hacia arriba y dos puntos. Pero la caída fue tan desafortunada que se le fue la rodilla derecha. Su reacción dejó el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva helado. El público enmudeció y entonces se pudieron escuchar sus quejidos y el llanto que anunciaba una grave lesión. Este viernes, al día siguiente de esta acción, se ha podido conocer el diagnóstico: “Tras las pruebas a las que ha sido sometida esta mañana la jugadora, se ha confirmado que sufre una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha”, exponía el comunicado de su club, el Valencia Basket. No menos de seis meses de recuperación.

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