Francisco Conceiçao empujó un balón rebotado en el área chica cuando el estadio de Leipzig era un fragor de gritos de desesperación. Portugal, un gigante con tanto talento como el que más en esta Eurocopa, empataba ante la República Checa, un conjunto de los confines del fútbol continental, marcado por carencias clamorosas, formado en buena medida con jugadores de la liga local. El 1-1 brillaba en el marcador como una broma y los checos celebraban la gesta cuando un centro de Neto desembocó en la remontada agónica. La victoria servirá para que Portugal gane tiempo y recapacite después de una tarde sembrada de peligros. La clase de disgustos que se rondan cuando los equipos caen en sus propias trampas.

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