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Raso y al hierro, así predicaban los clásicos que había que lanzar los penaltis y así lo lanzó Mariona Caldentey en el último instante del partido ante Suecia. Su anguladísimo tiro burló la buena estirada de la meta sueca, que adivinó el lado, pero la colocación lo hacía imparable. Contemplé ese penalti con la misma tensión que aquel córner final en Sídney, cuando en el enésimo minuto del descuento Cata Coll se elevó sobre el bosque de jugadoras para descolgar majestuosamente el balón. No sabría decir cuál de las dos jugadas me tuvo más en vilo. La primera nos dio el Mundial, pero el partido de Suecia había que ganarlo después de todo lo que ha pasado.