El Panathinaikos sufrió la temporada pasada quizás el momento más doloroso de su historia. Tuvo que soportar cómo el Olympiacos levantaba la Euroliga en su feudo, el OAKA. Un profundo dolor inundó a sus aficionados y, sobre todo, a su propietario, Dimitris Giannakopoulos. Después de ordenar desinfectar el pabellón donde los hinchas rivales lo habían gozado, clamó venganza y se propuso devolver la gloria a su club. Tras dinamitar el mercado en verano, va por buen camino en un inicio que mete miedo.

