Muhammad Ali en su jardín, Messi en Miami
Fuente: El País Original en elpais.com
Ocurrió el 31 de marzo de 1988. Muhammad Ali, desde el jardín de su casa, le gritó a unos curiosos: “Este no se ha enterado de que soy el mejor boxeador de todos los tiempos”. Este era Davis Miller, excampeón de kickboxing mucho reconvertido en dependiente de videoclub, diez años más joven que él (35 por 46, una eternidad en el ring) y sano, definitivamente sano; Ali, en cambio, llevaba varios años conviviendo con el parkinson. Miller entró en su casa porque vio su autocaravana aparcada dentro, y él sabía que Ali se desplazaba por el país en autocaravanas y autobuses para viajar sin prisas. Miller es el mayor experto mundial en Ali, lleva más de medio siglo estudiándolo con obsesión, desde que, en sus palabras, su figura le salvó la vida y se la recondujo al deporte cuando era un niño. Ese día, después de hablar con él y de que le firmase unas revistas, Ali le gastó una broma y luego se pusieron en guardia.