La gloria todavía no se ha enfriado. Apenas unas horas después de firmar uno de los triunfos más especiales de su carrera, Mikel Landa atiende a MARCA en el hotel Granada Palace, ya lejos del ruido de la meta, de los abrazos y de esa descarga de emoción que acompañó su victoria. Habla sereno, casi en voz baja, como quien todavía está ordenando todo lo vivido. El cansancio se mezcla con la felicidad y, por momentos, parece regresar mentalmente a cada curva, cada ataque y cada instante de una jornada que ya forma parte de su historia. Landa sonríe. Esta vez, por fin, la carretera le devolvió todo lo que tantas veces le había quitado.
La jornada · domingo, 13 de septiembre de 2026
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