Con la herida abierta por la tremenda cornada inglesa (0-7), Slaven Bilic, seleccionador croata, se disfrazó de Simeone –pantalón negro y camisa negra–, pidiendo complicidad con gestos ostensibles a la grada de Split. También lo hizo metafóricamente, inoculando intensidad a raudales a un equipo que salió con sangre en el ojo, ganando duelos, amedrentando desde el choque fuerte y el taco afilado.

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