Saltar al contenido

Mathieu van der Poel, caída incluida, alcanza el arcoíris volando en alas del destino

Fuente: El País Original en elpais.com

Así regresaba a su camerino el domador después de luchar con leones, con la ropa echa jirones, un codo sangrando y una rodilla también, y solo el casco evitaba que el pelo corto y revuelto le diera un aspecto de loco, y las gafas que le cubren la mirada desmesurada a Mathieu van der Poel cuando, después de limpiarse la nariz por última vez, se lleva las manos al casco antes de levantarlas en alto bajo la pancarta de meta en George Square, Glasgow, donde llovizna y donde también sale el sol de vez en cuando en el verano escocés. También lleva rota la zapatilla derecha Van der Poel, que con la mano ha arrancado el cierre rápido y el hilo de acero que la asegura, y ha seguido pedaleando como si nada, con más fuerza aún, con más decisión y rabia después de que la rueda delantera de su bici patinara en la esquina de High Street con Bell, una curva de 90 grados que recorta con su legendaria habilidad de ciclocrossista diplomado. Aun así, cae. Patina sobre el suelo, levanta el pie izquierdo instintivamente, mientras el derecho se arrastra y deshace el cierre de su zapatilla blanca antes de chocar contra una jardinera en la acera contraria. Rompe la zapatilla blanca. Salva la pierna que, como un muelle, le vuelve a poner de pie y rápido sobre la bici. Quedan 16 kilómetros. Lleva seis kilómetros solo, el primero, imparable. Le persiguen cerca, a no más de medio minuto, los leones. Wout van Aert. Tadej Pogacar. Mads Pedersen. No le alcanzan.