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Los Juegos de la equidad y la normalidad

Fuente: El País Original en elpais.com

Las uñas de gel, largas o cortas, almendradas o cuadradas. Todas perfectas. Inevitable verlas en un combate de esgrima, donde a Olga Kharlan –oro por equipos, bronce en individual– apenas se le ven las manos, la bandera ucrania en la manicura cuidada, en esos minutos tensos que dura la competición. Manicura francesa, en este caso, con un cristal incrustado, como los de sus maillots, en las uñas de una Simone Biles espléndida, que luce preciosa y se atusa el pelo, a ver si los haters al fin se fijan más en su Yurchenko y menos en su aspecto, aunque, por si las moscas, se retoca los labios antes de deslumbrar en el tapiz. Se cuelga tres oros y una plata. Rojas, clásicas, convencidas, como ella, las uñas de Carolina Marín, que las luce sin quererlo cuando se derrumba en pleno partido y llora sin consuelo. A gritos. Se ha vuelto a romper. Y no es capaz de vislumbrar el futuro.