Quizá el momento en que el fútbol mejor imita a la vida es cuando se produce una falta clara que el árbitro no pita y sigue el juego, con un equipo haciendo circular el balón y el otro defendiéndose, sospechando los dos que lo que están haciendo no valdrá de nada si finalmente alguno marca gol. Se produce entonces ese fenómeno fantástico: atacar con escepticismo. Pueden pasar varios minutos, eternos para el espectador, e incluso puede pasar que todos olviden que hubo en el origen una falta y se lancen a por el partido con todo: pues bien, tampoco vale. No sé si el reglamento lo contempla, ¿pero podría producirse un fuera de juego que el árbitro no ve en el minuto uno, que no salga la pelota durante 89, marque un equipo en el 90 y haya que anular no el gol, sino el partido?

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *