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Lorena Wiebes impone su autoridad en la llegada de la tercera etapa del Tour de Francia

Fuente: El País Original en elpais.com

Fue un perro que se llamaba Robot, el que encontró la entrada a la majestuosa catedral subterránea de Lascaux. Iba con cuatro adolescentes. Uno de ellos, Simon Coencas, pasó de la gloria local por el hallazgo, al anonimato en el infierno del campo de concentración de Drancy. Era judío. Sus padres murieron, él sobrevivió al holocausto. Falleció hace dos años, y siempre comentaba que él y sus amigos buscaban un tesoro, pero nunca pensaron que lo hallarían, aunque lo hicieron. En Lascaux, el que busca tesoros no siempre los encuentra. El ciclismo es tan cruel como la vida. Su reflejo.