En Fórmula 1, un mundo complejo, de estrellas y muchos actores implicados que no siempre tienen que estar en las parrillas de salida, nada es blanco o negro. Todo se entiende gracias a los tonos de gris. El nuevo reglamento es así. Entró en vigor por la fuerza de las marcas, con los aros legendarios de Audi como bandera. Y en pista es una mezcla de sensaciones encontradas. Genera más adelantamientos y hay cierto espectáculo, eso es indudable. Pero se ha reducido el valor del piloto, la esencia de las carreras y cierta imagen de incomprensible desde las televisiones. Ya no es un libro de reglas de ingenieros, parece de ordenadores e inteligencias artificiales.

