El año de Sandra Alonso bien valdría para documental. Su curso no tuvo calendario, ni certezas, ni un camino dibujado de antemano. Fue una sucesión de oportunidades agarradas al vuelo, llamadas sin respuesta, carreras buscadas casi con urgencia y kilómetros hechos con una pregunta siempre encima: qué iba a pasar después. Montreal debía ser el punto final perfecto a ese viaje. El lugar en el que mirar atrás y entender que todo había merecido la pena. Pero el ciclismo, que tantas veces premia la insistencia, también tiene una capacidad especial para romper los guiones cuando parecen cerrados. Un día antes de la prueba élite del Mundial, durante el último entrenamiento, un ciclista al que Sandra adelantaba se dio la vuelta sin mirar. Ella impactó contra él. “Le embestí y poco más recuerdo”. Hospital, fisura en el húmero, abrasiones y adiós al Mundial. Horas antes, cuando todavía no podía imaginarse ese desenlace, había hablado con MARCA de todo lo que había tenido que atravesar para llegar hasta allí.
La jornada · domingo, 27 de septiembre de 2026
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