Italia regresó este sábado al estadio Olímpico de Berlín, lugar venerado por su hinchada desde que allí celebró su cuarta Copa del Mundo en 2006, alentada por las trovas de Buffon, el legendario portero, ahora miembro del equipo técnico nacional. No encontró gloria sino ruina. Suiza le mostró el espejo. Ahí se patentaron los ensueños de Spalletti y la pobreza de la plantilla de una selección que vivió la Eurocopa como una agonía. Suiza merece de sobra estar en cuartos.

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