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La revolución de Andrea Fuentes

Fuente: El País Original en elpais.com

A diferencia de Gemma Mengual, Ona Carbonell o Paola Tirados, verdaderas divas de la natación sincronizada, Andrea Fuentes Fache nunca fue solista vocacional. Quizás por eso, cuando por primera vez se planteó preparar un solo y se vio nadando sin el amparo del cardumen en medio de la piscina comprendió que el aislamiento le imponía el extraño deber de representarse a sí misma, que todo lo aprendido de sus grandes referentes ya no le servía, y que para tocar el corazón del público tenía que ser ella misma. Pero, ¿quién era ella, realmente? Lo supo durante el año en el que preparó la coreografía del Non, Je Ne Regrette Rien, de Edith Piaf. Cuando iba en el autobús por las calles de Shanghai camino de la final del Mundial, se puso los cascos y lloró. La Séptima Sinfonía de Beethoven, esa nota repetida cien veces, esa estructura perfecta, esa forma gigantesca y pura, le produjo una emoción extemporánea. Después de todo, acababa de decidir que consagraría su vida a romper las formas, a sacudir las estructuras, a desafiar las leyes.