<strong>Carlo Ancelotti ha dudado pocas veces en su vida</strong>. Después de colgar las botas a los 33 años con las <em> rodillas destrozadas y un calvario de lesiones sobre su físico</em>, el italiano afrontaba su primera experiencia como entrenador: «<strong>Dejé a los 33 porque la rodilla empezó a molestarme y jugaba con Fabio Capello y no lo entendía. Y él me dijo: ‘Cuando seas entrenador lo entenderás’. Y tenía razón»</strong>. Fue en el <strong>Parma</strong> donde Carlo <strong>aprendió una lección que terminaría moldeando a la versión más tranquila, justa y flexible</strong> con la que domina ahora Europa.

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