Con la brisa del océano soplando y el sol brillando todavía, el paddock de MotoGP empezó a despedirse este viernes de uno de sus circuitos favoritos. Han sido tres décadas disfrutando del revirado y fluido trazado de Phillip Island, isla rebosante de naturaleza y climatología diversa situada al sureste de Melbourne, a unas dos horas en coche. Con la primera bandera roja del fin de semana provocada por la aparición en pista de un ualabí, hermano pequeño del canguro, quedó oficialmente inaugurado el último GP de Australia en el icónico enclave, donde se espera otra intensa batalla entre los contendientes al título de MotoGP.

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