La noche de las grandes emociones cierra los Juegos magníficos en el Stade de France
Fuente: El País Original en elpais.com
Letsile Tebogo es casi dios y París, la capital de Botsuana, que, a punto estuvo, faltó esto, una décima de segundo, un parpadeo, de privar al imperio, a Estados Unidos, del oro en el relevo 4x400, su tesoro, el mayor símbolo del poderío de su atletismo. El maravilloso Tebogo, ganador de los 200m, toma el testigo en la última posta con una desventaja de dos décimas. Medio metro por delante, el norteamericano al que debe abatir, nada menos que Rai Benjamin, el fenómeno que el día anterior había derrotado a Karsten Warholm en la final de los 400m vallas. El estadio extático enloquece. Los azules claro, los africanos pueden derribar al país más poderoso. Tebogo, encendido aprieta, aprieta, aprieta, y cuando sale de la última curva, Benjamin siempre delante, parece que sí, que podrá, que su clase, que su zancada fluida, tan suave que no hiere, como la brisa, derrotarán al poderío tremendo, a la potencia de Benjamin. Es una lucha poética, un sueño, en la que se impone el realismo. Por una décima.