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La felicidad era el PC Fútbol

Fuente: El País Original en elpais.com

Aquel ritual cotidiano tenía mucho de ilusión, bastante de incertidumbre y unas briznas de magia. Una combinación casi perfecta para la niñez o la adolescencia a la que se añadía la sensación de refugio. Porque los gestos de encender el ordenador e insertar los disquetes o CD-ROM y los al mismo tiempo breves e interminables segundos de espera para saber si el videojuego se cargaba correctamente sucedían siempre en el mismo espacio. Aquella mesa del salón, de la habitación o de la oficina de un padre o una madre en la que se ubicaba el ordenador en el que estaba instalado el PC Fútbol solía ser siempre la misma. Y al empezar a jugar, era como entrar en un universo en el que todo estaba en orden. Un espacio en el que el fútbol —y con él, la vida— se podía controlar.