Julio Iglesias, portero del Real Madrid
Fuente: El País Original en elpais.com
Cuentan que una noche, después de ofrecer un concierto en una ciudad a orillas del mar Cantábrico, Julio Iglesias se fue a cenar. Ya de madrugada, al regresar al hotel, se dispuso a acceder por la cocina —tal y como había acordado con los gestores del establecimiento— para intentar alcanzar lo antes posible su habitación y descansar. Esa noche se celebraba una boda en el hotel. Sucedió que, en el breve el trayecto entre la sala de fogones y el ascensor, la novia vio de lejos al cantante. Un grito perfectamente descriptivo —mezcla de sorpresa, ilusión y éxtasis— llenó el vestíbulo: “¡Julio Iglesias en mi boda!”. El casamiento pasó a un segundo plano. El cantante posó pacientemente con todas las personas que querían hacerse una foto con él. Y llegó a la habitación bastante más tarde de lo que tenía previsto.