Hasta la derrota, siempre
Fuente: El País Original en elpais.com
Fue un largo domingo de batalla. Una tarde volcánica con sol de julio, calor asfixiante, rampas infernales y una rivalidad agónica entre Anquetil y Poulidor, el campeón eterno y el eterno perdedor, el dueño de la gloria y el señor de los corazones. Así empezó la subida al Puy de Dôme aquel 12 de julio del 64 en el Tour. Queda una foto para la Historia: los dos ciclistas, hombro con hombro, las bicicletas dobladas, los manillares a punto de chocar, saltando chispas invisibles, como si fuera boxeo en vez de ciclismo, como si el maillot amarillo de Anquetil y el morado Mercier de Poulidor se fusionaran hasta diluirse en la esencia misma del deporte: la delgada línea entre la victoria y la derrota, esa marmita de la que brota la épica que esta tarde de domingo, vuelve a ascender después de 35 años el gigante del Auvergne, el mítico Puy de Dôme.