Fiestas, penaltis y un tío muy grande
Fuente: El País Original en elpais.com
Llegados a este punto, a tres días de que toda esta fiesta termine, empiezo a notar el síndrome del conejo blanco, el de Alicia en el país de las maravillas. Ya lo traté en el diario de Tokio, y consiste en ir de un lado a otro, sin pararte más de lo necesario en ningún sitio y con el agobio siempre presente, de no llegar a todo lo que te gustaría. No tiene remedio, pues a la cantidad y velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos, cada elección supone diez renuncias. Los que más me cuesta desechar son los asuntos Kinder, que vienen con batallita dentro.