Fermín y los truenos de agosto
Fuente: El País Original en elpais.com
Barcelona se vaciaba, pero unos cuantos, sin planes de playa ni ganas de tenerlos, permanecía sobre el asfalto y se adueñaba de lo poco que seguía abierto en un lugar de aires protestantes en el que las vacaciones son tan sagradas como el trabajo. Algunos no teníamos nada mejor que hacer. Y, simplemente, esperábamos al mes de agosto para demostrar aquello de lo que éramos capaces. No nos quedábamos porque tuviésemos que trabajar, ni tampoco porque nos retuviese algún encargo especial. Era nuestra pretemporada, un tiempo en el que nadie te juzgaría por tu número en el dorsal. Si salías a darlo todo, cerrabas los bares y lograbas disfrutar la ciudad de la mano de alguien de quien te pudieses llegar a enamorar, quizá podrías redimirte el resto del año.