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Federer, Nadal y Djokovic: martirio y socio uno, azote y “colega” (nada más) el otro

Fuente: El País Original en elpais.com

Después de la entretenida década de los noventa, dominada especialmente por el toma y daca de otros dos prodigios como Pete Sampras (14 grandes) y Andre Agassi (8) —interrumpido por las intromisiones de los Muster, Kafelnikóv, Ríos, Moyà, Rafter o Kuerten—, Roger Federer comenzó a ejercer con puño de hierro y a marcar una época que apuntaba a tiranía. A los 20 años ganó su primer título en un torneo de Milán ya extinto y ese mismo año batió a su idolatrado Sampras sobre la hierba de Wimbledon. Después, en 2003 y con 21, elevó su primer Grand Slam en La Catedral en lo que se anunció como el nacimiento de una nueva era, la Era Federer. Así lo fue durante un par de años, hasta que se interpuso en su camino un escollo que no esperaba y más tarde se añadió otro que terminó por convertir el soliloquio del suizo en la carrera histórica más fascinante que se recuerda en el tenis.