Nueva York fue europea en el amanecer de la Ryder Cup. El volcán que había encendido Estados Unidos lo apagaron los jugadores europeos cuando la bola comenzó a rodar en el campo de Bethpage Black. Los foursomes (golpes alternos) de la sesión de la mañana dibujaron un rotundo 1-3 a favor de la tropa de Luke Donald. Jon Rahm y Hatton vencieron por 4&3 (cuatro hoyos de ventaja con tres por jugarse) a Bryson DeChambeau y Justin Thomas, Aberg y Fitzpatrick derrotaron por 5&3 a Scheffler y Henley, y McIlroy y Fleetwood por 5&4 a Morikawa y English. Solo en el suspiro final Schauffele y Cantlay salvaron el orgullo norteamericano con un triunfo por 2 arriba ante MacIntyre y Hovland a la espera de los fourballs (mejor bola) de la tarde. Por primera vez desde 1951 un equipo sumaba tres puntos en la sesión inaugural con al menos cuatro hoyos de ventaja en cada partido. Europa enmudeció a Estados Unidos hasta que aterrizó Donald Trump.

