España y Alemania, las dos selecciones más grandes de Europa se llevaron al límite en Stuttgart, y en el límite, mientras encajaba un chaparrón de golpes, después de haberlos propinado, aguantó España, propulsada a las semifinales por un cabezazo de Mikel Merino en la prórroga, a la espera de Francia o Portugal. Golpe a golpe se fueron deshaciendo los dos jerarcas, dos ejércitos que acometieron las últimas cargas como una colección de tullidos, cojos y acalambrados, en un final que resumió el espíritu de una pelea formidable, cruda y vibrante.

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