El juego del alpinismo acaba con la vida de la leyenda Dmitry Golovchenko
Fuente: El País Original en elpais.com
El juego acaba así, de forma brutal: un hombre al límite de su resistencia física y psíquica busca enloquecido los restos de su amigo en el glaciar al pie de una montaña terrible: el Gasherbrum IV (7.925 m, Pakistán). Sergey Nilov lo encuentra, envuelve sus restos en la tela de su tienda de campaña y sigue bajando, como un espectro, hacia su campo base. La soledad, insondable, se hace materia y le acompaña como una sombra siniestra. La incomprensión se mezcla con la más dolorosa de las tristezas. Puede que el cuerpo de Dmitry Golovchencko nunca sea rescatado y es casi seguro que Nilov jamás encontrará un compañero de cordada como el que acaba de perder, un amigo con el que llevaba años perpetuando su infancia, jugando a escalar las montañas más intimidantes que existen. En 1976, tras escalar el Changabang, Peter Boardman afirmó que no existe montaña insuperable si de verdad te empeñas, credo compartido por Nilov y Golovchenko, dos que no necesitaban mirar el parte meteorológico antes de adentrarse en una pared. Si esperas que llegue el buen tiempo, nunca serás alpinista, opinaban. Por eso exhibían dos Piolets de Oro, el máximo premio al que puede optar un alpinista: eran tiempos felices. Cada triunfo conducía al éxtasis y retroalimentaba su voracidad, llevándoles de un lugar a otro caminando cada vez más sobre un filo invisible.