Benjamín Noval miró el cronómetro y esperó durante seis segundos que debieron de parecerle eternos. El asturiano ya había completado los 20,3 kilómetros de la contrarreloj júnior del Mundial de Montreal en 25 minutos y 17 segundos, pero todavía quedaba un rival por llegar. Cuando el belga Vic De Smet cruzó la meta por detrás, Noval levantó los brazos. A sus 17 años acababa de conquistar el maillot arcoíris y de presentar su candidatura para formar parte de una generación que amenaza con transformar el ciclismo mundial.

