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Garra y exquisitez. João Félix apareció en otro equipo y se convirtió en otro jugador. No se llama magia, se llama fútbol. Ese juego en el que los futbolistas deben nacer con un don que el tiempo va puliendo. El don es permeable a todo tipo de influencia. La más poderosa se llama confianza y tenerla o no tenerla puede llevar el talento hasta el límite mismo de sus posibilidades o hasta la mediocridad más desesperante. João Félix llegó al Atlético para incorporarle a su exquisito juego la garra ganadora de Simeone con un resultado descorazonador. No ganó garra y perdió la exquisitez. Si la idea para que madurara fue agregarle carácter, despliegue y obligaciones a su juego, la apuesta me parece inteligente. Rodri, sin ir más lejos, pasó por Simeone durante un año y esa influencia habrá contribuido a que hoy sea el mejor mediocentro del mundo.

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