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Djokovic, la Catedral y un amor a medias

Fuente: El País Original en elpais.com

Tiene el vínculo entre Novak Djokovic y la central de Wimbledon algo de amor incompleto, de deseo no correspondido. Lo hay, sí, pero tiende más a la conveniencia que al flechazo. El público inglés, noblote, siempre ha reconocido las fastuosas dotes del serbio sobre la hierba y su jerarquía ascendente en un torneo que hace no tanto dominaba el suizo Roger Federer, el verdadero suspiro del aficionado local. Pero ya no está el de Basilea, le ha birlado las llaves de la casa el balcánico –campeón de las cuatro últimas ediciones, en seis de las últimas ocho– y esta tarde Londres puede presenciar el octavo título de un tenista legendario al que tensa tanto como reconoce.

“DESESPERADO POR SER AMADO”

La desafección latente entre el tenista y la grada inglesa trasciende y se traslada también a la prensa. El día después del duelo contra Sinner, los medios locales criticaron con dureza al serbio. 

The Telegraph publicó una de las sentencias más contundentes, recogiendo de manera simultánea la hegemonía de Nole y su sentir: “El poder supremo de Novak Djokovic es que, por mucho que esté desesperado por ser amado, también obtiene una energía inagotable de ser odiado”.

El mismo periódico precisó que “la relación de Djokovic con su audiencia SW19 [el distrito de Wimbledon] podría describirse amablemente como molesta”.

The Times, por su parte, tituló: “Ganar feo”. Y prolongó: “Un malhumorado Djokovic prepara el enfrentamiento con Alcaraz. El campeón pierde un punto por gruñir y luego se burla del público de la Centre Court”.