Se equivocó Arbeloa en la previa: es tiempo para el desencanto. El madridismo considera que hay sobrados motivos para ello a la vista del desgobierno que rige tanto en el campo como en los despachos, y expresa su descontento como quiere, sin dejarse pastorear por campañas teledirigidas y sin permitir que les asimilen con los grupos ultra. El equipo va a peor y la afición del Bernabéu cada día está más harta de muchos de sus futbolistas, tan cortos de fútbol como de carácter. Jugadores devaluados que desde hace año y medio siempre encuentran una excusa a la que agarrarse para justificar su nulo rendimiento. A principios de la pasada temporada era el estómago lleno, más tarde la indolencia, después el motivo fue la racha de lesiones, le tocó el turno luego a la deficiente preparación física y ahora es la ansiedad por los silbidos. Todo vale con tal de no afrontar la realidad: esta plantilla presenta un déficil de talento, de jerarquía y sobre todo de liderazgo abrumador. Los síntomas de descomposición en el vestuario son indisimulables, con señales evidentes de que algunos empiezan a hacer la guerra por su cuenta, más preocupados de no verse señalados por la grada que por contribuir colectivamente. A excepción de Valverde en RMTV, ningún jugador salió a dar la cara para ofrecerle a su afición una explicación. A casita, a subir una foto en el Insta besándose el escudo y a otra cosa.
La jornada · domingo, 1 de febrero de 2026
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