En este fútbol faltón en el que vivimos hoy en día vale todo. Y poco a poco se estaba instalando el runrún de que Giuliano Simeone jugaba más por ser quien era que por sus méritos. Y, sinceramente, no sé dónde hay tanto ciego o tanto malintencionado, porque ni llegó al primer equipo por un capricho de su padre ni se instaló en la titularidad por lo mismo. Pero en este deporte nacional que tanto entusiasma de dar leña, Giuliano estaba empezando a sufrir una campañita de desprestigio que ni era justa ni estaba argumentada con la solidez necesaria para ser creíble.

