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Constitución para el cicloturista

Fuente: El País Original en elpais.com

Abrir la puerta del armario en el que un deportista aficionado guarda su ropa es asomarse a su alma. También una sesión doméstica de psicoanálisis. Aparece allí un repertorio de maillots, coulottes, calcetines o guantes difícilmente explicable. Porque están las prendas que se usan regularmente; las que son específicas de cada temporada; las que se tienen “por si acaso”, aunque ese “por si acaso” no termine de llegar; los dorsales de no se sabe cuántas carreras, que duermen ahí, en una balda, como recordatorio de que todo aquel sufrimiento, todo aquel disfrute, fue verdad. En ese pequeño espacio, el deportista participa de un universo en el que el valor de un maillot gastado es, en la escala emocional, tendente al infinito.