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<strong>El inicio del partido fue algo más tranquilo que el debut mundialista, no era difícil.</strong> España arrancó dominando todas las facetas del juego. Nueva Zelanda resistía un acoso y derribo de un equipo, el español, técnicamente muy superior. <strong>Pero la necesidad de abrir la lata, convertida en obsesión, hacía que España se estrellase una y otra vez contra un muro llamado Antamanov.</strong>