Carlos Sainz empezó distendido y jovial su asalto a la quinta corona en el Dakar hace justo una semana. A su llegada al vivac, el runrún en la caravana sobre un hipotético último baile del piloto madrileño de 63 años corría con más fuerza de lo habitual ante tal despliegue de alegría. Él descartó tener resuelta la cuestión con gracia y elegancia: “Yo no he dicho eso”, aclaró con una sonrisa. La competición, sin embargo, ha ido torciendo el gesto del español en los últimos días, frustrado especialmente por el atracón de piedras y los pinchazos.

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