Carlos Rodríguez, el asesino imperturbable, brilla en el Tour de Francia
Fuente: El País Original en elpais.com
Habla en L’Équipe Merckx de Ocaña con el resentimiento del campeón envidioso que no entiende que se pueda adorar a un ciclista que le derrotó favorecido por las circunstancias y cayó por torpe y alelado, cuando él, el caníbal vanidoso siempre fue superior. Normal, piensa quien lo lee, no se puede ser gran campeón, un estado mental absoluto, si a la ambición natural, al deseo de ser el mejor, y al orgullo, no le acompañaran las virtudes de la soberbia, del egocentrismo de quien cree que el mundo gira alrededor de su ombligo. Si estas condiciones fueran necesarias, sin embargo, si la arrogancia fuera ley, quizás Miguel Indurain, ejemplo de prudencia y control, no habría sido uno de los más grandes campeones de la historia del ciclismo, y quizás Carlos Rodríguez nunca llegaría a nada.